Ancestros
Hay heridas que no se cierran y en su dolor brota la palabra, este libro nace de ese lugar donde la memoria arde, donde la piel recuerda otras pieles, donde la sangre aún canta nombres antiguos que el viento no ha querido borrar.
Antes de los mapas y los dioses traídos en barcos de madera, América ya era mundo. Se escuchaban las plegarias, era ceniza sagrada, piel desnuda dorada al sol que vibraba al sonido del teponahuaztli. Era humanidad profunda, tejida en comunidades que sabían escuchar el pulso de la lluvia y el silencio de los astros. Luego vino el despojo con la espada, la cruz y el silencio.
En estos poemas habita la nostalgia por lo que fue y el asombro por lo que aún vive, como brasa que no se apaga. Hablan las voces enterradas, los nombres borrados, los rostros mestizos que cargamos la contradicción de haber nacido del crimen, del saqueo y del amor por el abrazo forzado.