La doncella y la serpiente
Bertha se traslada desde la ciudad de San Miguel a estudiar en la ciudad de los jesuitas en San Salvador. Está convencida que su inteligencia y su
disciplina serán las llaves que le despejarán todos los caminos que deberá enfrentar para lograr sus objetivos personales. La historia es diferente para Ángel, que han tenido en sus padres un apoyo incondicional, rayando en la permisividad y la extrema tolerancia. Por donde se le vea, Ángel ha sido un eterno dolor de cabeza, que pareciera no tener un propósito claro para su vida. Así como la luz no podría existir sin las sombras y el día no podría suceder sin la noche, inevitablemente los caminos de Bertha y Ángel terminan por cruzarse.