Una carta para el duque
En “una carta para el duque”, la autora propone desenfadadamente a sus lectores un poemario construido desde, lo que podríamos calificarc como un gótico íntimo y confesiona. No hay castillos Medievales, pero sí un castillo interior hecho de recuerdos, insomnio y melancolía. La noche, la luna, la sangre, El mar, las olas y las lágrimas son el arsenal simbólico al que recurre la autora, elementos todos que funcionan Como rituales de un culto privado al dolor..