La tragedia no ha muerto
La alienación planetaria impide ver el sentimiento trágico que agobia a las sociedades globalizadas propias del incierto siglo XXI y hace muy complejo, por no decir imposible, percibir la tragedia o verla trasvasada en diferentes géneros –la ópera, la novela, el cine–, ya que otro aspecto inherente de la tragedia, desde su nacimiento, ha sido su capacidad de
regeneración. Hay materia trágica pero no la vemos. La ceguera colectiva impuesta por un engañoso «yo» avanza y raras veces voltea la mirada a la lírica, poesía de intensa reflexión sentimental, de la que surgió el género trágico. De hacerlo podríamos dar testimonio de nuestros posmodernos horrores.